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El virrey del Perú, Manso de Velasco, decidió
recluir en Más a Tierra (Robinson Crusoe) a los criminales
más peligrosos, condenados por las Reales Audiencias
de Quito y de Santiago, con la esperanza que su aislamiento
produjera el milagro de su readaptación. Con la fundación
del caserío de San Juan Bautista, en 1749, empezó
la trayectoria de miseria, instintos desencadenados, crímenes,
pasiones y fugas novelescas, que caracterizaron la historia
de Juan Fernández por más de un siglo.
Junto con fortificar y poblar, los gobernantes virreinales
enviaron a las islas a criminales y delincuentes; entre los
primeros pobladores llegaron veinte penados. En aquella época
el régimen penal resolvía que los delitos leves
eran castigados con el rollo, y los graves en Juan Fernández.
Así la isla se convirtió en la Bastilla de la
América Española.
Los presos se transportaban sólo con una camisa, una
cotona, un pantalón y un jergón para dormir;
al llegar, se les soltaba en la playa como fieras bravías.
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La categoría de los presos varió
desde el Padre de la Patria hasta el blasfemo, desde el
derrotado hasta el homicida. La internacionalidad del
presidio se reseña en algunos presos internados
en 1781: Ramón Negrete, condenado a diez años
por robo e incendiario; Miguel Garrido, peruano, ladrón
de barras de plata; Juan Pino, ecuatoriano, zapatero,
por incendiario; Anselmo Tadillo, apodado "siete
Cabezas". Los inocentes también se encarcelaban
en el presidio.
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En 1786 el capitán
peruano Elías Laso de la Vega, por conato de motín
en Cuzco; un caballero don Francisco Vidal y Correa, por el
hecho de ser portugués y un sacerdote José Ciriaco
Muñoz.
En fin, desde 1750 a 1810, en que prevaleció el régimen
colonial, se sucedieron una docena de gobernadores. Los progresos
que se realizaron en la isla fueron los mínimos, ya que
estos dependían del trabajo forzado de la población
penal.
Los miembros de la junta de Gobierno de 1810, miraron con horror
el desorden y la vida de este lugar, por lo que un año
después, de la declaración de la Independencia
de Chile, se reconoció la importancia de Juan Fernández
enviando a Manuel Santa María y Escobedo, del nuevo gobierno
constituido por los criollos. |
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Entre
las primeras medidas se quiso destruir aquel presidio
y devolver su soledad a la isla. Pero, ocupados con los
problemas internos ocurridos en Chile continental, las
autoridades olvidaron las confinadas tierras de Juan Fernández.
Fue entonces cuando el presidio al no recibir abastecimiento
desde el continente, se vistió con el manto fantasmal
del hambre durante 1811 y 1812.
Gracias a Dios, bajo el directorio de Francisco de la
Lastra, a mediados de 1814, se desmontó el primer
presidio. |
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Tres soldados, quedaron voluntariamente al desamparo de la
isla, quizás imitando la hazaña de Alejandro
Selkirk. Ellos habitaron en absoluta libertad al igual que
el verdadero Robinson cuatro años y cuatro meses en
esta alejada isla llamada en ese entonces isla de "Más
a Tierra".
Después de la derrota de Rancagua, en 1814, los españoles
entraron en la capital (Santiago) tomando calles y cuarteles.
Un mes más tarde, en la noche del 9 de noviembre, se
echaron los Talaveras de Maroto y de San Bruno sobre los incautos
patricios que, confiados en promesas de Osorio, habían
vuelto a sus hogares desde sus chacras y estancias.
Cincuenta de ellos, la mayoría ancianos, fueron arrancados
de sus lechos y arrastrados a la cárcel, para emprender
una cabalgata de dos días hacia Valparaíso.
En el puerto se formó la caravana de destierro a la
isla de Más a Tierra que duró 27 meses de soledad,
hambre y miseria.
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| Entre los patricios aprehendidos figuraban
ilustres criollos, miembros de la Junta que gobernó
el país de 1810 a 1814. Se encontraban el anciano
José Antonio de Rojas; Juan Enrique Rosales, Manuel
de Salas, Martín Calvo Encalada, Juan Egaña,
Francisco Pérez, Francisco de la Lastra, Agustín
Eyzaguirre, José Portales, José María
Argomedo, el joven Mariano Egaña y los presbíteros
Ignacio Cienfuegos y Joaquín Larrain. Una criolla
Rosario Rosales, siguió la escolta de su cautivo
padre, Juan Enrique Rosales, en abnegada muestra de amor
filial. |
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Los 300 desterrados
fueron embarcados en la corbeta "Sebastiana",
y amontonados en su bodega. A los pocos meses se agregó
una segunda partida de patriotas de La Serena, y más
tarde otra de peruanos que se pudrían en las casamatas
del Callao.
Los sufrimientos que sobrellevaron en sus celdas de berras fueron
trazadas por Juan Egaña en su poema "La Fernandina".
El peor enemigo que debieron enfrentar fue la plaga permanente
de roedores; tan audaces que mataban a gatos y a perros. El
tormento del viento, el frío y el incendio de sus chozas
llevó a Pedro Nolasco Valdés, y a un sacerdote,
a suicidarse para terminar esa pesadilla.
Los desterrados fueron conducidos a unas cuevas hechas durante
el período colonial en las rocas que rodean bahía
Cumberland, donde hoy pueden verse las huellas de las largas
varas que sostenían sus literas en las húmedas
paredes, y que actualmente en honor a sus antiguos moradores
son denominadas "Cuevas de los patriotas".
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A fines de 1816
gracias a un descuido llegó a la isla, un verdadero
convoy de criollos, compuesto de la fragata "Venganza",
la corbeta "Sebastiana" y el bergantín
"Potrillo", mientras los barcos "Victoria"
y "Sacramento" llevaban cargamentos a
las prisiones del Callao.
Entre las escenas vividas y relatadas al estilo de Juan
Egaña, destaca la disputa de las pocas mujeres
que formaban la población civil, entre confinadas
y pobladoras, por parte del personal de tropa y prisioneros
comunes.
El 24 de marzo de 1817 apareció en la rada de San
Juan Bautista (Poblado de la isla), un buque misterioso,
que echó a tierra a un pasajero, quien se encerró
con el Gobernador de esa época Ángel del
Cid. |
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Este pasajero era el coronel realista Cacho, que llegó
a parlamentar sobre la libertad de los presos con el último
gobernador español, quien aceptó en el acto
la nueva situación, ya que bastó con que "El
Águila" apuntara sus cañones sobre
la desprevenida fortaleza hispana, para que la guarnición
dispusiera de sus armas y aceptara las condiciones impuestas
por el capitán, el norteamericano Reimundo Morris.
Al día siguiente se embarcaban las víctimas
del patriotismo, y el 31 de Marzo llegaban a Valparaíso
los desterrados de Juan Fernández, en medio de patéticas
escenas de ternura y alegría. La primera diligencia
al desembarcar los aristocráticos prisioneros, fue
ceñirse de sus placas nobiliarias y cruces, orgullosa
muestra de la libertad recuperada.
Liberados los criollos, quedaron en el lugar en forma voluntaria
Juan Rosas, un preso de apellido Escudero y el español
Antonio López, nuevos émulo de Crusoe.
En junio de 1821 vieron las velas de la corbeta Chacabuco,
que llevaba nuevamente presos a Juan Fernández. Se
trataba esta vez de partidarios de los hermanos Carrera acusados
de provocar una sublevación en contra del gobierno.
Dos de los hermanos Carrera habían rendido el tributo
de sus vidas a su ideal política, en el patíbulo
de Mendoza. José Miguel refugiaba en la pampa argentina
sus anhelos de tener por tercera vez el mando de la reciente
República Los carrerinos fraguaban en Santiago el derrocamiento
del régimen fuerte que se había impuesto.
Los más leales partidarios de José Miguel Carrera
fueron desterrados a Más a Tierra (Robinson Crusoe).
Entre los presos estaban los Ureta, Manuel Muñoz Urzúa,
los Benavente, los Jordán, Nicolás Barrera,
Bernardo Luco, Luis Ovalle y Gregorio Allende, quienes fueron
llevados junto a reos comunes y prisioneros realistas, hacia
la cárcel insular.
Las haciendas y propiedades de la familia Carrera fueron confiscadas,
y su anciano padre desterrado a la isla desierta. En 1820
se le permitió regresar, llegando a tiempo para morir
en su hogar.
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| El teniente Coronel
Mariano Palacios, en su cargo de alcalde, tuvo implacable
disciplina en el control que, durante cinco meses; soportaron
los carrerinos. Un motín organizado por los gendarmes,
los reos políticos, los presos comunes y las mujeres;
lo despojaron del poder para entregar al mando al confinado
Muñoz Urzúa y los reclusos quedaron libres
dentro de la isla. La cárcel se había transformado
en un balneario y podían gozar de sus bellezas
naturales. |
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Inspirados en el deseo de llegar al continente hicieron varias
tentativas de apoderarse de algún barco, y algunos
pagaron con su vidas querer vencer el Pacifico en una chalupa.
La fragata de guerra "Constelation" llegó
con bandera norteamericana, a reponer al alcalde Palacios
quien; deponiendo su dura actitud, dio muestra de paternal
compasión hacia los reclusos.
Con este pintoresco episodio que puso fin a ocho meses de
confinamiento de los carrerinos, terminó la tercera
etapa del presidio del Pacífico.
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Las batallas de Loncomilla y de La Serena, reabrieron las
puertas del presidio de Juan Fernández y allí
se volvieron a congregar los odios políticos, los ideales
tronchados y las esperanzas convertidas en despecho.
El presidente Manuel Bulnes estableció una Cárcel
para sus opositores, en nuestra bella posesión Insular.
Juan Antonio Soto, el subdelegado civil, pasó a ser
alcalde de Juan Fernández. Mal se avenía con
su bonachona disposición el duro papel de carcelero
de sus propios compatriotas, por lo que trató de hacer
lo más llevadera posible la vida de estos hombres que,
por exigir más libertad, la habían perdido completamente.
El paternal Soto, organizaba partidas de caza, que derivaban
en comilonas de cabro asado y en alegres fiestas campesinas.
Evitó por todos los medios que los reclusos sufrieran
hambre y se preocupó en forma constante de su bienestar.
Los reclusos políticos habían asaltado esa barca
norteamericana, obligándola luego a hacer rumbo hacia
el puerto de Tongoy, donde quedaron Soto y los demás
rehenes filosofando sobre la ingratitud humana, mientras la
barca "Elisa" seguía hacia
el norte, en busca de un refugio para sus sobresaltados tripulantes.
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Posteriormente,
la goleta "Carmen" y la barca "Robinson",
ambas de matrícula nacional llegaron confiadamente
a Más a Tierra (hoy Robinson Crusoe), sin presentir
que la población del penal se había cansado
de navegar en ese inmenso barco de granito y deseaba tripular
un esquife que los condujera a la libertad.
Los presos asaltaron ambos barcos a mano armada y obligaron
a sus capitanes a transportarlos al continente. La goleta
"Carmen" llegó desenfadadamente al puerto
de Valparaíso y la "Róbinson"
a la bahía de Talcahuano. |
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Quedó en la isla sólo un reducido numero de
presos políticos, cuyo destino histórico era
servir de nexo, entre los relegados de Bulnes y los reos comunes
recluidos por el presidente Manuel Montt.
Cien rufianes, entre rufianes y cómplices del temible
bandido José Miguel Cambiasso, llegaron a la isla "Más
a Tierra", a rememorar sus crímenes y a reponerse
de las heridas que habían recibido, al ofrecer tenaz
resistencia a la política y al ejército de la
nación.
Alentados por la buena suerte de sus antecesores, pronto empezaron
a fraguar la captura de sus guardianes, para darse a la fuga;
pero estos reos no estaban unidos por el lazo espiritual de
una idea y de una esperanza, como los reclusos políticos
y dos de sus propios compañeros hicieron fracasar el
movimiento, delatando a los cabecillas.
Cuatro dirigentes sediciosos fueron ejecutados, después
de un juicio sumario, instruido por los representantes del
Gobierno en la isla, los cuales olvidaron, en su terror, las
disposiciones más elementales sobre procedimiento penal.
Gradualmente empezó a desmantelarse este presidio,
que fue el último de la isla "Mas a Tierra, hasta
desaparecer completamente por el año 1834. Magallanes
pasó a ser entonces la "Siberia Chilena",
con sus nieves, sus reos políticos y sus presos comunes.
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El único duraznero que había en la quebrada
de las Casas, desesperaba porque alguien pudiera saborear
sus frutos; pero el persistente viento le arrancaba con violencia
las flores, antes de que uno sólo lograra plasmarse;
sin embargo, los juristas no podían aceptar que una
Naturaleza tan pródiga en helechos y en plantas subalpinas,
no fuera generosa también para con las legumbres, hortalizas
y frutales y sentaron definitivamente, en el Reglamento Carcelario,
aún hoy vigente, que la isla Más Afuera ( hoy
Marinero Alejandro Seikirk), sería el penal agrícola
de la zona Central de Chile.
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Bajo la presidencia de don Pedro Montt, fue creado el primer
presidio agrícola en Isla "Mas Afuera", por
decreto del Ministerio de Justicia N.º 2961 del 23 de
Noviembre de 1908, y se estableció el 29 de Abril de
1909, con la llegada de 60 reos comunes, alcanzando una población
de 190 reos comunes en total.
Se contaba con una goleta llamada "Alejandro Selkirk"
para realizar los traslados de reos y mercaderías,
desde el continente a la isla. Lamentablemente esta naufragó.
Debido a lo estéril de la isla de "Mas Afuera"
en material de cultivos, la pérdida de la goleta y
por desórdenes en el penal, este presidio fue disuelto
en 1913. A muchos presos se les indultó y a otros se
les rebajó la pena.
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Nuevamente en 1927, algunos reos comunes de las cárceles
del continente, llegaron a "Más Afuera",
a desperezar sus músculos cohibidos por la inactividad
que penosamente debieron soportar en las celdas carcelarias.
Nuevamente se trató de cambiar sus rostros bestializados
por el delito, en risueñas caras tostadas de agricultores.
Esta vez no llegaron solos, sin embargo, cien presos políticos
venían a compartir con ellos los mendrugos y a pagar,
con su dolor, el pesado costo que ha tenido siempre la lucha
por la libertad.
El Mayor Millán, Roberto Yungue, Gaspar Mora, Braulio
León Peña, Elías Lafferte, Alberto Baloffet,
Eugenio González, Luis Heredia, Rojas Marín,
Juan Chacón Corona, Pedro Arratia y Castor Vilarín,
estuvieron relegados en ese cetáceo de granito.
Los arados volvieron a dar vuelta la tierra negra del "Alto
de las Vacas", de nuevo se entregaron las simientes
a su regazo mezquino y el "Director y Jefe de Cultivos"
volvió a convencerse de que su título era desproporcionado.
Los reos políticos, de agricultores, hubieron de convertirse
en leñadores y en pintores de brocha gruesa. La lluvia
eternizaba su labor, disueltas en agua de mar, para arreglar
los toscos exteriores de las casas de la colonia.
Los reos comunes, transportaban piedras de un punto a otro
de la isla y cazaban subsidiariamente cabras salvajes, que
veían celosos la libertad de la que disfrutaban estos
montaraces animales.
Cansado de esta vida monótona y estéril, Castor
Vilarín, recio líder sindical, con seis compañeros
de destierro, tripuló hacia la muerte, el único
bote que había escapado al naufragio del escampavías
"Águila". La pesca de la langosta que hacían,
por orden del director del presidio, se convirtió,
con el auxilio de la vela hecha con sacos harineros, en un
viaje hacia la quimera libertad. Creyeron que el océano
era el camino, pero fue para ellos un sudario.
Al establecerse el presidio, cien reos políticos vivieron
en la isla su amargura. Fueron substituidos, sin embargo,
gradualmente por presos comunes. En 1929, sólo 16 reos
políticos acompañaban a los 164 penados.
La tragedia de los obligados habitantes de "Mas Afuera",
durante la última etapa carcelaria del archipiélago,
fue trazada con rasgos descarnadamente reales por Roberto
Meza Fuente, el poeta y por Eugenio González, el político
cuyas historias vividas conmovieron tan profundamente a los
chilenos, que el penal fue definitivamente desmontado.
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Los escritos de esta sección
llamada "La historia de...", fueron extraídos
de los resúmenes basados en libros y artículos
del archipiélago de Juan Fernández y documentos
recopilados por años por don Victorio Bertullo Mancilla,
Profesor e Historiador y actual Director de la Casa de la
Cultura de Juan Fernández.
La adaptación de los textos y edición del material,
estuvo a cargo de la Sra. Mayling Ayala Araya, Publicista. |
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