Las Cuevas de los Patriotas

Tras la Guerra de Rancagua de 1814, cuando los españoles ganaban contra los patrióticos patricios, que buscaban la independencia de Chile, el 9 de noviembre del mismo año, aproximadamente un mes después de la guerra, los representantes de España se metían dentro de las casas de los intelectuales políticos que habían ideado el atentado de la independencia de la real Nación, para trasladarlos a la isla convertida en cárcel hace más de medio siglo.

 

No menos de cincuenta de éstos, la mayor parte ancianos y acostumbrados a blando regalo y al doméstico cariño, fueron arrancados a empellones de sus lechos y arrastrados a la cárcel para formar allí la caravana de un destierro que debía durar veinte y siete horribles meses de soledad, de hambre y de miserias.(Vicuña Mackena, 2010, p. 298)

Cueva-de-los-Patriotas-2Según Vicuña Mackena (2010) Juan Egaña describía la situación en la que se encontraban en la isla, contando que los más temibles enemigos eran los ratones, que parecían voraces. Contaba que en primera instancia utilizaron los ranchos de los antiguos colonos, los cuales tuvieron que abandonar debido a sus pésimas condiciones, además de estar llenas de cuevas de ratones, lo que volvía a las viviendas inhabitables. Junto con ello el viento no hacía durar las pocas varas que sostenían las chozas, además de la bulla de los gatos y perros, sin contar los desórdenes de los ratones que trabajan de noche, haciendo y haciendo sus cuevas. Los temporales de viento son tremendos hasta ahora, los que soplan con tanta fuerza que es lógico pensar en la limitada resistencia que estas casas podían tener, así como la propia salud de los presidiarios. Es por ello que debieron cambiar las carentes chozas por las enormes cuevas, donde podían dormir en lo alto de camarotes y evitar el contacto con ratas, que según narra la historia se enfrentaban a la par con los perros. Citando a Egaña por Mackena: “Las consecuencias fueron graves en enfermedades y dolores que cada uno toleraba, o guardaba, con aquella estúpida indolencia en que se reconcentra el sufrimiento, cuando en el extremo del mal se desespera de todo auxilio” (Vicuña Mackena, 2010, p. 307)

Durante esos largos 27 meses de presidio hubo tres gobernadores a cargo en Juan Fernández, siendo el último y más amable el gobernador Cid.

Así en la tarde del día 24 de marzo de 1817, asoma un barco en la Bahía, bajándose a tierra un hombre que sólo conversó con el gobernador. Los 81 patriotas eran liberados y llevados hasta el puerto de Valparaíso. Los trasladaba el barco Águila y llevaba también al gobernador Cid, un capellán frai llamado Manuel Saavedra, un médico llamado Manuel Morales, más 6 soldados de Talavera, 9 del batallón Concepción y 5 artilleros, también 20 presidiarios comunes más 7 mujeres pobladoras y 14 sirvientes de ambos sexos, en un total de 152 personas a bordo (Vicuña Mackena, 2010).