Fuerte Santa Bárbara

Luego de la estadía de Lord Anson, los españoles ponían sus ojos por sobre estas islas del Pacífico, las cuales no les convenía se convirtiera en tierra de nadie y acogida de piratas, por lo que decidieron instalarse y poner en ella su bandera. “Hacíase por tanto indispensable reconocer minuciosamente aquel remoto albergue de enemigos, ya que ni los galgos del almirante don Antonio de Veas, ni los corsarios del consulado de Lima habrían logrado extirpar sus condiciones habitables i su funesta hospitalidad” (Vicuña Mackena, 2010, p. 150).

De esta manera

Por decisión del Virrey del Perú, Villagarcía, partieron del Callao los capitanes españoles y científicos de renombre, don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa al mando de los barcos Nuestra Señora de Belén y La Rosa, en demanda de las islas de Juan Fernández. Hiciéronse a la vela el 4 de Diciembre de 1742 y llegaron a la isla de Más Afuera el 7 de Enero de 1743. (Orellana, 1975, p. 15).

Pasada esta expedición decidirían definitivamente fortificar la isla, “Sólo algunos años después, en 1749, la corona de España promovió la población y fortificación de la isla” (Orellana, 1975, p. 15), siguiendo las pautas de los otros fuertes realizados en Chile, como el de Valparaíso, “Ya que no era posible sumerjir el adverso peñón en el fondo de las aguas, hacíase forzoso defenderlo, era preciso poblarlo y fortificarlo” (Vicuña Mackena, 2010, p. 196)

Fue en 1749 cuando definitivamente se decidió fortificar y poblar Juan Fernández, especialmente la más grande de las islas, ya que los ingleses publicaban era el lugar ideal para armarse de fuerza entre el pacífico, ya que la estadía de Lord Anson la dejó como ejemplo para los marineros, lo que causaba espanto a los españoles, más entendiendo las seguidas guerras que surgían entre ambas naciones. De allí surgió la idea de que la isla se convirtiera en un punto estratégico militar y político. “Dispuso el rei por real cédula de 7 de mayo de 1749 (documento memorable en la historia doméstica de Juan Fernández) que la isla se poblase y defendiese a toda costa contra el odiado y codicioso inglés” (Vicuña Mackena, 2010, p. 198)

En ese entonces se encontraba como presidente de Chile Domingo Ortiz de Rosas, quien fue el encargado de armar la empresa rumbo a la Juan Fernández, compuesta de colonos, soldados, ovejas, vacas y semillas diversas. Por su parte de Lima se encargarían de enviar los implementos de guerra, como los cañones, el plomo y la pólvora. Partieron así en Chile desde Penco a la vela el día 11 de marzo de 1750. Venían: “171 colonos de todos sexos (dice el virrei, como si hubiera más de dos), 22 presidiarios destinados a los trabajos de fortificación de la bahía, i ganado de toda especie” (Vicuña Mackena, 2010, p. 200)

En la embarcación que venía desde el Callao estaba toda la implementación del Fuerte, toda la carga pesada y de guerra, para darle a la isla un paisaje nuevo, esta vez no tan paradisiaco como se describía en la novela de Defoe, sino más bien oscuro y peligroso.

Esta primera población más o menos estática, quedó al mando de Juan Navarro Santaella, un oficial español de toda la confianza del virrei, tachado de buena conducta. Este primer gobernador partió rumbo a Juan Fernández con su esposa Antonia del Solar, una mujer aristócrata de Concepción, acompañada por sus hijos y sirvientes.

Comenzaría así el proceso de coloniaje en esta isla solitaria, marcada como un recinto militar, empezando los trabajos del fuerte que le darían un aspecto temible a los navegantes, anunciando a España como su poseedora. Este fuerte recibió el nombre de Santa Bárbara y siendo esta la primera edificación importante se construyó junto con él una iglesia.